Un desastre de US$ 34 millones: el tremendo impacto económico de la eliminación de Italia del Mundial 2026


La selección italiana y la federación de fútbol de ese país sufre una profunda crisis política y deportiva tras la eliminación del Mundial 2026, y ahora empieza a cargar con los efectos económicos del duro revés

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US$ 34,5 millones: eso cuesta quedarse fuera del Mundial. El desastre de Italia va más allá de lo deportivo. La cita más importante del fútbol internacional genera riqueza por muchas vías y la 'Azzurra' perdió su derecho este martes tras su eliminación del Mundial 2026, a parte del gran botín. Culpa de una debacle, la tercera, tanto deportiva como institucional.

La Federación Italiana de Fútbol (FIGC) no remonta. Si bien la selección cuatro veces campeona del mundo siempre ha supuesto uno de los principales activos económicos para la organización, los fracasos deportivos recientes han tenido un fuerte impacto financiero. Sin Mundial desde 2014. Sin octavos desde 2006. Fuera de una Copa del Mundo con 48 equipos. Mínimo, 16 años sin disputar la gran cita.

Tres ausencias, 100 millones

La triple ausencia ha supuesto a la Federación una pérdida de unos 100 millones de euros en ingresos. Falta de premios de FIFA, menores ingresos comerciales... En definitiva, menos oportunidades. También ha debilitado su posición frente a socios estratégicos. Como con Adidas. Su poder de negociación se ha reducido. Y con ello, han desaparecido oportunidades valiosísimas.

"Existe el riesgo de un empobrecimiento de la marca Italia (en referencia al fútbol)", aseveró a EFE Marcel Vulpis, experto en economía deportiva y docente en la Universidad de Roma Tor Vergata, al agregar que la tercera exclusión "no es solo una crisis deportiva, sino un daño económico estructural para todo el sistema futbolístico".

De entrada, los contratos de patrocinio de la selección tienen cláusulas que reducen automáticamente los ingresos si no se clasifican. Solo por esto, se perderán unos 9,5 millones de euros, según adelantaron medios italianos.

A ello se suman otros ingresos que no se materializarán, como el menor volumen de ventas de merchandising y la paralización de nuevas negociaciones comerciales, lo que eleva el impacto negativo en varios millones adicionales.

También en el día a día. En el PIB italiano. Menos camisetas vendidas. Menos promociones de cadenas de reparto de comida los días de partido. Menos demanda de televisiones y sofás. El fútbol, gran motor deportivo de un país histórico en este sentido, está gripado desde 2006. Son muchos años de pérdidas. Demasiados.

Sin premios y sin ingresos comerciales

Entre las pérdidas más importantes se encuentra los beneficios deportivos que la FIGC dejará de percibir. La FIFA garantiza a cada selección clasificada un mínimo de unos US$ 10 millones, cifra que aumenta en función del rendimiento y que puede superar los US$ 50 millones para el campeón.

La suma de penalizaciones contractuales, ingresos comerciales no realizados y premios deportivos sitúa la pérdida directa para la FIGC en torno a unos US$ 34,5 millones, aunque estimaciones más amplias elevan el impacto total por encima de los US$ 55 millones en caso de que Italia hubiera llegado a fases finales del torneo.

Además, la Federación no solo pierde ese ingreso, sino también cualquier opción, ya sea a través de derechos de transmisión u otras actividades, de generar beneficios adicionales durante el torneo.

El propio presidente, Gabriele Gravina, ya había advertido durante la aprobación del presupuesto de la relevancia de lograr la clasificación, clave para sostener y reforzar las finanzas federativas.

Así, la eliminación no solo representa un golpe deportivo, sino que también afecta a una de las principales vías de ingresos del fútbol italiano, cada vez más ligada al rendimiento de la selección nacional en los últimos años.

Y los efectos se extienden más allá de la federación. "Emisoras como Rai y DAZN, que han invertido decenas de millones en los derechos, corren el riesgo de una reducción importante en audiencia y publicidad sin la presencia de la selección nacional", explica a esta agencia Vulpis, que también ejerce como director de la revista de economía deportiva Sporteconomy.it.

La pescadilla que se muerde la cola

Ya sucedió algo similar en el pasado. La no clasificación para el Mundial de Rusia 2018 provocó un drástico descenso en los ingresos de la FIGC, y lo mismo se produjo al quedar fuera del Mundial de Qatar 2022, en el que la selección dejó de percibir al menos 10 millones de euros por la no clasificación, a lo que se sumaron pérdidas indirectas de mayor alcance económico.

Estas ausencias prolongan una crisis estructural que afecta tanto a la imagen como a la capacidad de generación de recursos del fútbol italiano.

De hecho, la eliminación por tercera vez consecutiva de un Mundial ha reabierto el debate institucional y económico en torno a la FIGC, con peticiones de renovación en la cúpula federativa tras un nuevo fracaso deportivo que incide directamente en la estabilidad y proyección financiera del organismo.

La FIGC se encuentra ahora como la pescadilla que se muerde la cola. La ausencia en el Mundial reduce de forma significativa sus ingresos, procedentes de patrocinadores o premios, lo que limita su capacidad de inversión en el desarrollo del fútbol italiano. Y vuelta a empezar. Un impacto que alcanza al conjunto del sistema futbolístico italiano.

EFE